miércoles, 28 de febrero de 2018

Mitos

Los mitos, ¿eran una especie de ciencia primitiva? ¿eran relatos religiosos? ¿con qué fines se inventaban estos relatos? Son todas preguntas que aún hoy se siguen discutiendo. Lo concreto es que todos los pueblos inventaban historias para explicar todo aquello que les preocupaba o que les daba curiosidad y no podían tener certezas sobre eso que era inexplicable, que en muchos casos hoy siguen siendo inexplicables aunque contamos con la ciencia y la tecnología para conocer más sobre por ejemplo ¿qué es y cómo se produce un rayo, un trueno, la lluvia, por qué se mueve la luna, el sol? Te imaginás las cosas que pensarían los pueblos primitivos tratando de explicar por qué la luna se va moviendo y va cambiando su forma día por día. Todos los pueblos inventaron relatos mitológicos, muchos están relacionados a la religión de cada pueblo aunque hay muchos especialistas que opinan que por ejemplo los griegos no creían sagrado esos relatos. De los griegos heredamos una gran cantidad de este tipo de relatos, fue un pueblo que por distintos motivos habían creado una cantidad enorme de relatos mitológicos y una variedad enorme de historias y deidades. El siguiente video nos permite tener un pantallazo de esos relatos.


Así como hicieron los griegos, todos los pueblos han creado sus historias, las explicaciones de su origen, del origen del universo, de los factores climatológicos, las particularidades de los cuerpos celestes, etc. A continuación tenés dos videos: uno para ver por ejemplo que cada pueblo de américa tenía sus relatos antes de la conquista, y ver que la variedad es inmensa y sólo es una aproximación para elegir y seguir investigando por tu cuenta. El segundo elijo algunos de los relatos Mayas, simplemente porque es el que se conservó a través de un libro y es el que más difusión tiene.




A continuación tenés dos relatos griegos y uno de la tradición judeo cristiana.

El mito de Protágoras

Hubo una vez una época en la que ya existían los dioses, pero aún no las especies mortales. Llegado el tiempo fijado por el destino para el nacimiento de estas últimas, los dioses las modelaron en el seno de la tierra mediante una mezcla de fuego, de tierra y de aquellos otros elementos que se combinan con ambos. Y llegado el momento de sacarlas a la luz, ordenaron a Prometeo y a Epimeteo que distribuyesen entre ellas cualidades de un modo ordenado y adecuado.
Epimeteo pidió a Prometeo que le dejase hacer tal distribución: “una vez hecha, le dijo, tú la supervisarás”. Y después que le convenció, inició su tarea. En su reparto dio a unas especies fuerza sin velocidad, y a las más débiles les otorgó ésta; a otras les concedió defensas naturales, y a las que carecían de ellas, dióles un medio distinto para su seguridad. A las que hizo indefensas por su pequeñez, les otorgó alas para huir, o una morada subterránea. A las que dotó de gran tamaño, con él les concedió su seguridad. Y así distribuyó equilibradamente todas las cualidades, para que ninguna especie pudiera ser aniquilada.
Y una vez que dio medios a cada especie para poder escapar a la reciproca destrucción, distribuyó defensas contra las inclemencias climatológicas venidas de Zeus, revistiéndolas de espesas pelambres y gruesas pieles, aptas para proteger ya del frío, ya del calor, y para que, cuando fueran a dormir, esas mismas pelambres y pieles les sirvieran de lecho natural. Y calzó a unos con a modo de zuecos, a otros con resistente piel por la que no circula la sangre.
Procuró después distintos alimentos a cada especie. A unas, hierba de la tierra; a otras, frutos de los árboles; a otras, raíces; incluso a algunas les dio como alimento el devorar otros animales. Dio a éstas, poca fecundidad, en tanto que se la otorgó abundante a sus víctimas, asegurando así la preservación de la especie.
Al final, Epimeteo, que no era muy inteligente, se dio cuenta de que había consumido todas las cualidades en los seres irracionales, y que había dejado a la especie humana carente de ellas. Y no sabía qué hacer.
En medio de sus dudas se presentó Prometeo para supervisar la distribución, viendo a los demás animales bien provistos de todo, pero que el hombre estaba desnudo, descalzo, privado de abrigo e inerme. Y era inminente la llegada del día fijado por el destino, en el que el hombre tenía que emerger del seno de la tierra a la luz.
Apurado con el problema de cómo encontrar para el hombre un medio de conservación, Prometeo robó a Atenea el secreto de las artes y a Hefaistos el fuego –pues sin éste aquellas no hubieran podido ser adquiridas ni útiles- y los entregó al hombre. Así entró el hombre en posesión de las artes necesarias para la vida, excepto una, la política, que no le fue concedida. Pues Prometeo no pudo entrar en la Acrópolis, vivienda de Zeus, defendida por formidables centinelas. Por el contrario, sin ser visto, entró en la morada común a Atenea y Hefaistos, donde ejercían sus artes, y apoderándose de la del fuego, perteneciente a él, y de las de ella, se las entregó a los hombres. De este modo el hombre tuvo lo necesario para la vida. Mas Prometeo, según narra la tradición, tuvo que soportar después el castigo por su robo.
Al ser partícipe el hombre de un privilegio divino, en primer lugar fue el único entre los animales que, por su común origen con los dioses, creyó en ellos y les honró con la construcción de altares y estatuas. Después obtuvo con rapidez el arte de emitir sonidos y palabras articuladas, e inventó la vivienda, el vestido, el calzado, los medios para cubrirse y el aprovechamiento de los alimentos que provienen de la tierra. Pero los hombres, pese a estar así de provistos, vivieron en un principio dispersos, sin que existiera la polis. Por eso fueron víctimas de las fieras, al ser más débiles que ellas en todos los aspectos, ya que su habilidad práctica les bastaba para atender a la alimentación, pero era insuficiente para combatir a aquellas. Y esto se debía a que no poseían el arte de la política, del que es parte el de la guerra.
Trataron entonces de reunirse y de proveer a su conservación mediante la fundación de grupos sociales, pero, una vez reunidos, se dañaban recíprocamente, por carecer del arte de la política, de modo que se dispersaron de nuevo y siguieron pereciendo.
Temiendo Zeus que nuestra especie se aniquilara, envió a Hermes para que trajese a los hombres el sentido del respeto y de la justicia, a fin de que sirviesen en la sociedad de principios ordenadores y de lazos productores de amistad.
“¿De qué modo, preguntó Hermes a Zeus, he de buscar la distribución entre los hombres del respeto y la justicia? ¿Acaso tal como se hizo con las artes? Éstas se han repartido de tal manera que un solo médico basta para muchos profanos, e igualmente sucede con las demás profesiones. ¿Debo, pues, distribuir a los hombres el respeto y la justicia
con igual criterio o he de repartirlos entre todos?”
“Entre todos, dijo Zeus, de modo que cada uno tenga su parte, ya que la sociedad no podría subsistir, si, al modo que sucede en las demás artes, sólo unos pocos participaran de ellos. Y en mi nombre les dictarás esta ley: que se mate, como a una peste social, al que no pueda ser partícipe del respeto y de la justicia”.
  

El Mito de Pandora

A pesar de haberse vengado de Prometeo de una manera muy cruel, Zeus aún le guardaba odio por haberle enseñado a los humanos el secreto del fuego. También estaba preocupado porque si los seres humanos se hacían más poderosos, podían quitarle su trono en el Olimpo, por lo que ideó un plan: en parte para vengarse aún más de Prometeo y en parte para resguardar su posición.
Por voluntad de Zeus, su hija Nefesto modeló a una muchacha con una mezcla de arcilla y agua. Atenea le infundió el soplo de la vida y la instruyó en las artes femeninas de la costura y la cocina; Hermes, el dios alado, le enseñó la astucia y el engaño, y Afrodita le mostró como conseguir que todos los hombres la desearan. Otras diosas la vistieron de plata y le ciñeron la cabeza con una guirnalda de flores, luego la llevaron a la presencia de Zeus.
Toma este cofre -le dijo, entregándole una cajita de cobre bruñido-. Es tuyo, llévalo siempre contigo, pero no lo abras por nada del mundo. No me preguntes la razón y sé feliz, pues los dioses te han dado todo lo que las mujeres desean.
Pandora, que así se llamaba la muchacha, sonrió. Pensaba que el cofre estaba lleno de piedras preciosas.
Ahora tenemos que encontrarte un marido que te ame, y yo conozco al hombre adecuado, Epimeteo. Él te hará feliz.
Epimeteo era hermano de Prometeo, pero le faltaba toda la prudencia de su hermano. Prometeo le había advertido a su hermano que no aceptara ningún regalo de Zeus, pero él, un poco halagado y quizás temeroso de rechazarle, aceptó a Pandora como esposa. Hermes acompañó a la muchacha a la casa del flamante marido en el mundo de los hombres.
Bueno, amigo Epimeteo -le dijo- no olvides que Pandora tiene un estuche que no debe abrir por ningún concepto.
Epimeteo tomó el estuche y lo colocó en sitio seguro. Al principio, Pandora fue feliz viviendo con él y olvidó el estuche, pero con el tiempo empezó a reconcomerla el gusanillo de la curiosidad. “¿Por qué no podemos ver al menos que contiene”? se preguntaba.
Un día, mientras Epimeteo dormía, abrió el cofre, y rápidos como el viento, salieron todos los males que desde entonces nos afligen: el cansancio, la pobreza, la vejez, la enfermedad, los celos, el vicio, las pasiones, la suspicacia…
Desesperada, Pandora intentó cerrar el cofre, pero ya era demasiado tarde. La venganza de Zeus se había realizado: la raza humana no podía ser tan noble como había querido Prometeo. La vida sería una lucha constante contra dificultades de todo género. Había pocas probabilidades de que el hombre pudiera aspirar al trono de Zeus.
Pero el triunfo del rey sobre los dioses no era completo. Una cosa de nada había quedado en el fondo del estuche y Pandora consiguió encerrarla. Era la esperanza. Con ella el género humano había encontrado la manera de sobrevivir en este mundo hostil. La esperanza daba una razón para seguir viviendo.


Adán y Eva


La creación de Adán es descrita en Génesis 2:7. Dios lo creó del polvo de la tierra, sopló en su nariz el aliento de la vida y lo puso en el jardín de Edén.
Adán fue dado la labor de nombrar a los animales.
Adán estaba sólo, Dios tomó una de las costillas de Adán y formó una mujer llamada Eva.
Adán murió a la edad de 930 años.
En hebreo Adán significa: del suelo; tierra rojiza.

Jehová plantó un jardín en un lugar llamado Edén. Este jardín tenía muchas flores, árboles y animales. Luego, Dios hizo al primer hombre, Adán. Lo hizo con tierra y después le sopló en la nariz. ¿Sabes qué pasó entonces? ¡El hombre empezó a vivir! Jehová le dijo a Adán que cuidara del jardín y que les pusiera nombre a todos los animales.
Jehová le dio a Adán una orden muy importante. Le dijo: “Puedes comer fruta de cualquier árbol menos de uno, que es muy especial. Si comes la fruta de ese árbol, morirás”.
Más tarde, Jehová dijo: “Voy a hacerle una ayudante a Adán”. Así que hizo que Adán se quedara bien dormido y usó una de sus costillas para hacerle una esposa. Se llamaba Eva. Adán y Eva fueron la primera familia. ¿Cómo se sintió Adán cuando vio a su esposa?  Estaba tan contento que dijo: “¡Mira lo que Jehová ha creado con una de mis costillas! ¡Por fin hay alguien como yo!”.
Jehová les dijo a Adán y Eva que tuvieran muchos hijos y llenaran la tierra. Quería que fueran felices trabajando juntos para convertir la tierra en un paraíso. Sería un hermoso parque, como el jardín de Edén. Pero las cosas no salieron así.
Un día, mientras Eva estaba sola, una serpiente habló con ella. Le preguntó: “¿Es verdad que Dios no les deja comer las frutas de ningún árbol?”. Eva le respondió: “Podemos comer cualquier fruta, menos la de un árbol. Si comemos la de ese árbol, nos moriremos”. La serpiente dijo: “No se van a morir. Si la comen, serán como Dios”. ¿Era eso verdad? No. Era una mentira, pero Eva se la creyó. Cuanto más miraba aquella fruta, más la deseaba. Así que la probó y le dio también a Adán. Él sabía que iban a morir si desobedecían a Dios, pero de todas maneras comió.
Más tarde, Adán y Eva se escondieron porque se dieron cuenta que estaban desnudos. Cuando Dios los encontró Eva le echó la culpa a la serpiente, y Adán culpó a Eva. Jehová los expulsó del jardín. Además, puso ángeles y una espada de fuego a la entrada para que nunca más pudieran regresar.

Ahora a trabajar. Compará las historias, detectá qué cosas estaría intentado explicar cada historia, qué cosas les preocupaba a los griegos, que cosas a los hebreos (judeo-cristianos luego). Qué ocurre con el marco temporal espacial, ¿qué sabemos hoy de la procedencia del hombre? Investigá lo que nos dice la ciencia, ¿por qué el hombre pudo razonar?

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