domingo, 24 de marzo de 2019

2° de Escuela secundaria 3 de Quilmes 2019


Este es el segundo de la escuela secundaria 3 de Quilmes del año 2019, este fue el primer trabajo del año donde se apela al recuerdo, a la infancia, a los juguetes de la infancia.


Martina es la primere valiente del curso y la que inaugura el 2019 de este blog
                            
MARTINA FERNANDEZ

Mi peluche es un pato, ese peluche me lo regaló mi padrino cuando me bauticé. Tiene forma de un pato con un pico amarillo, no me gustaba prestarlo ya que me sentía sola, ese peluche es como un amigo para mí. Nunca lo dejé, para mí no es necesario dejar un peluche que prácticamente te marcó la infancia. Un recuerdo que nunca me voy a olvidar es cuando íbamos juntos de viaje, o también cuando lo perdí y me puse a llorar todo el día.

—Te extraño, extraño los momentos que pasábamos juntos yendo de viaje o a cualquier lado, Martina— dijo el peluche.
—Yo también, y gracias por estar conmigo desde que soy chiquita, muchísimas gracias pato— le contesté con melancolía mientras apareció una pequeña sonrisa de mi parte.


Siguen llegando más trabajos


Gabriela Coronel

Cuando era chiquita iba a la feria como todos los sábados, íbamos con mi familia. Ese día yo vi un oso de peluche, me gustó mucho, era marrón claro, yo se lo pedí a mi papá y él me dijo que no. Me puse mal (tenía 5 años), luego de recorrer toda la feria volvimos a ese puesto,  me lo compró y yo estaba feliz,  nunca lo prestaba porque era mi juguete preferido, lo llevaba todos lados. Me hacía y me hace muy feliz verlo y recordar todos los lindos momentos que pasé junto a él. 

A partir de un juego de imaginación y el ingenio de nuestros jóvenes escritores, sumando luego recursos lingüísticos, tipos textuales, tipo determinado de narrador, en lugares precisos exigen romper con nuestra natural forma de contar, convirtiéndose en trabas o impedimentos a la hora de contar algo pero al vernos obligados a esa estructura, nuestra forma nos lleva a caminos nuevos, veamos: 


Viaje en gaviota
Autora: Natalia Rodríguez (Alias the Crazy Family)

No recuerdo cuando empieza el invierno como tal, pero estoy segura que estamos muy cerca de este.
La brisa me golpea en el rostro en el momento en que me sumerjo en mis pensamientos, más de lo debido. Me siento aturdida por unos instantes hasta que las chillonas voces de mis compañeros me recuerdan donde estoy.
—Te la tomaste toda chinwuenwuencha.
Michael repite la misma frase por novena vez en el día, causando que vuelva a perder la fe en la humanidad, por novena vez en el día.
Estamos en un barco, o más que eso, parece un costoso crucero, de esos que sólo aparecen en las películas para presumir algo que nunca vamos a conseguir.
¿Cómo llegamos aquí? Ni yo lo sé.
El intenso sol comienza a cansarme y con pesar me levanto de mi cómodo lugar, al lado de la barra, para ingresar en la pequeña y ruidosa sala que nos habían dado  a los de mi curso.
Apenas pongo un pie adentro, el fuerte olor a pisitos provoca que mire curiosa a la pequeña y organizada ronda que todos habían formado. En ella una o dos chicas tenían una bolsa de la olorosa botana.
Atrás de mí ingresa Michael haciendo palmas y todos le siguen la corriente, muy a pesar de que el profe de lengua está frente a ellos.
"O son muy valientes o muy boludos". Pienso mientras me uno a la ronda y me siento junto a Martina, quien está más ocupada, criticando de arriba a abajo la asquerosa comida del menú, como para prestarme atención.
—¿Cansada? —. Alguien me dirige la palabra y volteo, esperando que sea alguno de los payasos que tengo por compañeros, pero en vez de eso una gaviota me dice "hola" con la mirada.
—Martina—... Con la confusión pintada en el rostro, trato que mi pecosa compañera me preste atención, aunque como era de esperarse, me ignora completamente.
—Oye, te hablo a vos, obelisco con anteojos—.  Vuelve a hablar la gaviota.
—¡¿Disculpa?!— Ofendida la miro, y por primera vez desde que me senté, Martina me presta atención.
—¿A quién le hablás?— Me pregunta con esa típica cara de "¿Que te fumaste?"
—A la grosera Gaviota—. Respondo sin dudar y señalo a la ventana donde estaba. Sorprendiéndome al ver que ya no se encontraba allí.
—¿Cuál?— Levanta ambas cejas Martina y me mira cuidadosamente.
—Te lo juro—... Trato de justificarme pero ella se adelanta.
— Mejor terminá este texto, antes de que se alargue más de lo necesario—. Me dice mientras se pone los auriculares y vuelve a su mundo.
Me doy cuenta que tiene razón y dejo de escribir, dejando líneas vacías y a una gaviota que entretenida charla con el profe de lengua.
—¿Cuántos creé usted que se llevan la materia?— Con curiosidad lo mira el animal.
—Digamos, por lo flojos que son y la poca tarea que entregan, tendré a todo segundo primera en diciembre—. El canoso hombre suspira rendido y la amable gaviota lo reconforta con palmaditas en la espalda.

Hemos utilizado como material la investigación sobre nuestra literatura oral actual: chistes, canciones infantiles, de cuna, de cancha, también historias que nacen como rumores que se convierten en relatos, en leyendas urbanas. Todos nuestros barrios tienen algún misterio sin resolver que se termina explicando con un relato o a veces terminan esos relatos generando más incertidumbre incrementando el misterio
El cuadro
Autores: María Lis Maidana, Rocío Bruno, Braian Barrios, Lucas Rojas

El abuelo de Braian nos contó que en el barrio Aldana una familia decidió tirar un cuadro sin razón. La familia Rodríguez lo agarró porque el niño que estaba pintado en el cuadro era muy parecido a su hijo Nicolás Rodríguez.
A partir de ese día todo cambio...
Lo colgaron en la cocina, esa misma noche Nicolás se levantó y se dirigió hacia el baño, y cuando volvió a su habitación empezó a escuchar ruidos muy raros y fuertes, cuando fue a la cocina vio que el cuadro estaba en el piso y lo colgó nuevamente. Luego de observarlo vio que una lágrima caía del niño del cuadro, asustado fue a su habitación, cuando de repente volvieron esos sonidos. A La mañana siguiente le contó a sus padres lo que había escuchado y visto la noche anterior. Ese mismo día a la noche, les pasó lo mismo a los padres de Nicolás. Luego de eso tiraron el cuadro y no se volvió a saber nada más de él.

Hasta que un tiempo después, alguien contó a la familia que se decía en un barrio vecino que una familia encontró un cuadro tirado lo llevaron a su casa y luego el hijo de esta familia apareció una mañana muerto.




Luego de trabajar con la letra de una canción muy vieja, hemos debatido sobre las cuestiones que mostraba la letra de la canción representativa de la ciudad de Nueva York, con problemas similares a las de otras ciudades, tal vez que heredan esos problemas al buscar una forma de existir imitativa de aquella. Los temas que surgieron de ella fue la violencia y dentro de ésta la violencia de género, la prostitución, la desidia policial, la indiferencia de los personajes anónimos de las ciudades, el alcoholismo. De dicho debate surgieron estas actividades, que hemos denominado: 

NUESTRA CIUDAD ANDA CONTANDO

Se trata de narraciones recolectadas de nuestros barrios.



Testimonio 1 (recopilado por Tobías Villalba)
En julio, Rocío, madre de tres hijos, fue golpeada por su pareja en un combo que incluyó: empujones, patadas y cachetazos. A Rocío le quedó una fractura en el brazo izquierdo y otro en el pie derecho. Había recibido los mismos golpes nueve meses antes. La primera vez, el agresor pidió disculpas llorando y llorando la mujer las aceptó y perdonó. Ahora, la última vez decidió denunciarlo. Y el agresor sólo lo sancionaron con una restricción.
“Todo mi entorno se daba cuenta menos yo” declara Rocío.

Testimonio 2 (Recopilado por: Marianela Baez, Sebastián Bravo y Braian Barrios)
Cuando yo era chica, tenía seis años, mi mamá no se ocupaba de mí ni de mi hermano de tres años, mi padre era un hombre trabajador pero demasiado loco. Todos los días que llegaba del trabajo tenía una forma nueva para hacernos sufrir, pero sin motivo, porque no hacíamos nada malo. Yo con tan sólo seis años lavaba, planchaba, cuidaba a mi hermano, hacía todos los deberes que mi mamá debería hacer pero los hacía yo.
A veces mi papá llegaba del trabajo (loco como siempre) y nos sacaba, a mi hermano y a mí, desnudos a la calle y nos mojaba con agua fría, no le importaba que haga frío, no le importaba que la gente nos viera, no le importaba nada.
Otras veces nos pegaba, nos revoleaba con platos o algún otro objeto...
Siempre tenía una nueva forma para lastimarnos...

Testimonio 3 (recopilado por Karen López)
No tengo idea de cuándo empezó todo esto, sólo recuerdo los llantos de mi madre en las noches, los insultos salidos de la boca de la boca de mi papá, el sonido de los golpes...
Mi madre recibe golpes a diario no sé qué puedo hacer, no tengo la suficiente fuerza para detenerlo quiero que pare...
Crecí. Él ya no está, se fue con otra mujer. No me molesta. Pero aún su recuerdo me persigue. Sólo espero que no le haga lo que le hizo a mi madre.

Testimonio 4 (Recopilado por Natalia Rodríguez)
Tengo 16 años y desde los seis años soy consciente del maltrato que sufre mi papá en manos de mi mamá.
Ella lo golpea, ya sea con sus propias manos o con objetos que se encuentran a s alcance. Más de una vez pude ver los rasguños o moretones en los brazos de papá, pero no fui capaz de hablar.
Él no se defiende, tiene miedo de hacerlo, le conté a mi abuelo pero sólo mostró disgusto por saber que mi papá se dejaba pegar por un mujer.
Los golpes de mamá vienen de los celos, dice mi tía.
Ella lo amenazó de que si hablaba o le levantaba la mano lo iba a denunciar. Día a día papá se ve más demacrado.
Aún no sé qué hacer. Estoy asustada.

Testimonio 5 (recopilado por Gabriela Coronel y Candela Luque)
Tengo doce años, mi vecino me manosea y me besa, él me amenaza con cosas malas.
Lo cuento yo porque mi mejor amiga no se anima.

Testimonio 6 (recopilado por Tobías Llano y Fabricio Camba)
Un día mi papá llegó borracho a altas horas de la noche, mi mamá limpiando la mesa en la que habíamos comido, mi papá la amenazó. Nosotros estábamos en la pieza escuchando, los gritos nos asustaban y cada vez más fuerte gritaban y mi papá le pegó a mamá, nosotros llorábamos del susto.
Pasaban los días y cada vez era peor. Mi mamá lo denuncia pero no pasa nada.
Mi mamá lloraba cuando mi papá se iba a trabajar. Nosotros le preguntamos a mi mamá y dijo que necesitaba ayuda. No sabíamos cómo ayudarla con la situación.
Mi papá llegó gritando a mi mamá un vecino escuchó, llamó a la policía. Llegó la policía. Mi papá quedó detenido y nosotros tenemos miedo de cuando salga.

Testimonio 7 (recopilado por: Martina Fernández, Valentín Scafi, Luca Atensio y Rocío Romero)
Jéssica sufrió violencia de género por parte de su exmarido, su marido Sergio la golpeaba cuando estaba borracho, no sólo la golpeaba a ella sino también a sus hijos. Uno de los hijos, Valentino tuvo moretones en casi todo e cuerpo. Tampoco nunca pidió perdón y culpaba al alcohol.

Testimonio 8 (recopilado por: Kiara Araujo, Ezequiel Oviedo y Malanie Officialtegui)
En frente de mi casa vivía un matrimonio: Juan de ochenta y dos años y Ramona de cincuenta años, ellos tenían una hija de veintiocho años llamada Lucía.

Juan un día cayó de un árbol y murió. Luego pasaron dos años y a su hija la llevaron a un loquero porque decían que estaba loca. Mi mamá me contó esta historia porque mi mamá le hacía las compras a la mujer porque la hija no la dejaba salir. 

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