Este
es el segundo de la escuela secundaria 3 de Quilmes del año 2019, este fue el
primer trabajo del año donde se apela al recuerdo, a la infancia, a los
juguetes de la infancia.
Martina
es la primere valiente del curso y la que inaugura el 2019 de este blog
MARTINA
FERNANDEZ
Mi peluche es un pato, ese peluche me lo regaló mi padrino cuando
me bauticé. Tiene forma de un pato con un pico amarillo, no me gustaba
prestarlo ya que me sentía sola, ese peluche es como un amigo para mí. Nunca lo
dejé, para mí no es necesario dejar un peluche que prácticamente te marcó la
infancia. Un recuerdo que nunca me voy a olvidar es cuando íbamos juntos de
viaje, o también cuando lo perdí y me puse a llorar todo el día.
—Te extraño, extraño los momentos que pasábamos juntos yendo de viaje o
a cualquier lado, Martina— dijo el peluche.
—Yo también, y gracias por estar conmigo desde
que soy chiquita, muchísimas gracias pato— le contesté con melancolía mientras apareció una pequeña sonrisa
de mi parte.
Gabriela Coronel
Cuando era chiquita
iba a la feria como todos los sábados, íbamos con mi familia. Ese día yo vi un
oso de peluche, me gustó mucho, era marrón claro, yo se lo pedí a mi papá y él
me dijo que no. Me puse mal (tenía 5 años), luego de recorrer toda la feria
volvimos a ese puesto, me lo compró y yo estaba feliz, nunca lo
prestaba porque era mi juguete preferido, lo llevaba todos lados. Me hacía y me
hace muy feliz verlo y recordar todos los lindos momentos que pasé junto a él.
A partir de un juego de imaginación y el ingenio de nuestros jóvenes escritores, sumando luego recursos lingüísticos, tipos textuales, tipo determinado de narrador, en lugares precisos exigen romper con nuestra natural forma de contar, convirtiéndose en trabas o impedimentos a la hora de contar algo pero al vernos obligados a esa estructura, nuestra forma nos lleva a caminos nuevos, veamos:
A partir de un juego de imaginación y el ingenio de nuestros jóvenes escritores, sumando luego recursos lingüísticos, tipos textuales, tipo determinado de narrador, en lugares precisos exigen romper con nuestra natural forma de contar, convirtiéndose en trabas o impedimentos a la hora de contar algo pero al vernos obligados a esa estructura, nuestra forma nos lleva a caminos nuevos, veamos:
Viaje en gaviota
Autora:
Natalia Rodríguez (Alias the Crazy
Family)
No recuerdo cuando
empieza el invierno como tal, pero estoy segura que estamos muy cerca de este.
La brisa me golpea
en el rostro en el momento en que me sumerjo en mis pensamientos, más de lo debido.
Me siento aturdida por unos instantes hasta que las chillonas voces de mis
compañeros me recuerdan donde estoy.
—Te la tomaste
toda chinwuenwuencha.
Michael repite la
misma frase por novena vez en el día, causando que vuelva a perder la fe en la
humanidad, por novena vez en el día.
Estamos en un
barco, o más que eso, parece un costoso crucero, de esos que sólo aparecen en
las películas para presumir algo que nunca vamos a conseguir.
¿Cómo llegamos
aquí? Ni yo lo sé.
El intenso sol
comienza a cansarme y con pesar me levanto de mi cómodo lugar, al lado de la
barra, para ingresar en la pequeña y ruidosa sala que nos habían dado a los de mi curso.
Apenas pongo un
pie adentro, el fuerte olor a pisitos provoca que mire curiosa a la pequeña y
organizada ronda que todos habían formado. En ella una o dos chicas tenían una
bolsa de la olorosa botana.
Atrás de mí
ingresa Michael haciendo palmas y todos le siguen la corriente, muy a pesar de
que el profe de lengua está frente a ellos.
"O son muy
valientes o muy boludos". Pienso mientras me uno a la ronda y me siento
junto a Martina, quien está más ocupada, criticando de arriba a abajo la
asquerosa comida del menú, como para prestarme atención.
—¿Cansada? —.
Alguien me dirige la palabra y volteo, esperando que sea alguno de los payasos
que tengo por compañeros, pero en vez de eso una gaviota me dice
"hola" con la mirada.
—Martina—... Con
la confusión pintada en el rostro, trato que mi pecosa compañera me preste atención,
aunque como era de esperarse, me ignora completamente.
—Oye, te hablo a
vos, obelisco con anteojos—. Vuelve a
hablar la gaviota.
—¡¿Disculpa?!—
Ofendida la miro, y por primera vez desde que me senté, Martina me presta atención.
—¿A quién le hablás?—
Me pregunta con esa típica cara de "¿Que te fumaste?"
—A la grosera
Gaviota—. Respondo sin dudar y señalo a la ventana donde estaba. Sorprendiéndome
al ver que ya no se encontraba allí.
—¿Cuál?— Levanta
ambas cejas Martina y me mira cuidadosamente.
—Te lo juro—...
Trato de justificarme pero ella se adelanta.
— Mejor terminá
este texto, antes de que se alargue más de lo necesario—. Me dice mientras se pone
los auriculares y vuelve a su mundo.
Me doy cuenta que
tiene razón y dejo de escribir, dejando líneas vacías y a una gaviota que
entretenida charla con el profe de lengua.
—¿Cuántos creé
usted que se llevan la materia?— Con curiosidad lo mira el animal.
—Digamos, por lo
flojos que son y la poca tarea que entregan, tendré a todo segundo primera en diciembre—.
El canoso hombre suspira rendido y la amable gaviota lo reconforta con
palmaditas en la espalda.
Hemos utilizado como material la investigación sobre nuestra literatura oral actual: chistes, canciones infantiles, de cuna, de cancha, también historias que nacen como rumores que se convierten en relatos, en leyendas urbanas. Todos nuestros barrios tienen algún misterio sin resolver que se termina explicando con un relato o a veces terminan esos relatos generando más incertidumbre incrementando el misterio
El cuadro
Autores: María
Lis Maidana, Rocío Bruno, Braian Barrios, Lucas Rojas
El abuelo de Braian
nos contó que en el barrio Aldana una familia decidió tirar un cuadro sin
razón. La familia Rodríguez lo agarró porque el niño que estaba pintado en el
cuadro era muy parecido a su hijo Nicolás Rodríguez.
A partir de ese día
todo cambio...
Lo colgaron en la
cocina, esa misma noche Nicolás se levantó y se dirigió hacia el baño, y cuando
volvió a su habitación empezó a escuchar ruidos muy raros y fuertes, cuando fue
a la cocina vio que el cuadro estaba en el piso y lo colgó nuevamente. Luego de
observarlo vio que una lágrima caía del niño del cuadro, asustado fue a su
habitación, cuando de repente volvieron esos sonidos. A La mañana siguiente le
contó a sus padres lo que había escuchado y visto la noche anterior. Ese mismo
día a la noche, les pasó lo mismo a los padres de Nicolás. Luego de eso tiraron
el cuadro y no se volvió a saber nada más de él.
Hasta que un tiempo
después, alguien contó a la familia que se decía en un barrio vecino que una familia
encontró un cuadro tirado lo llevaron a su casa y luego el hijo de esta familia
apareció una mañana muerto.
Luego de trabajar con la letra de una canción muy vieja, hemos debatido sobre las cuestiones que mostraba la letra de la canción representativa de la ciudad de Nueva York, con problemas similares a las de otras ciudades, tal vez que heredan esos problemas al buscar una forma de existir imitativa de aquella. Los temas que surgieron de ella fue la violencia y dentro de ésta la violencia de género, la prostitución, la desidia policial, la indiferencia de los personajes anónimos de las ciudades, el alcoholismo. De dicho debate surgieron estas actividades, que hemos denominado:
Testimonio 1 (recopilado por Tobías Villalba)
Luego de trabajar con la letra de una canción muy vieja, hemos debatido sobre las cuestiones que mostraba la letra de la canción representativa de la ciudad de Nueva York, con problemas similares a las de otras ciudades, tal vez que heredan esos problemas al buscar una forma de existir imitativa de aquella. Los temas que surgieron de ella fue la violencia y dentro de ésta la violencia de género, la prostitución, la desidia policial, la indiferencia de los personajes anónimos de las ciudades, el alcoholismo. De dicho debate surgieron estas actividades, que hemos denominado:
NUESTRA CIUDAD ANDA CONTANDO
Se trata de narraciones recolectadas
de nuestros barrios.
Testimonio 1 (recopilado por Tobías Villalba)
En julio, Rocío, madre de tres
hijos, fue golpeada por su pareja en un combo que incluyó: empujones, patadas y
cachetazos. A Rocío le quedó una fractura en el brazo izquierdo y otro en el
pie derecho. Había recibido los mismos golpes nueve meses antes. La primera
vez, el agresor pidió disculpas llorando y llorando la mujer las aceptó y
perdonó. Ahora, la última vez decidió denunciarlo. Y el agresor sólo lo
sancionaron con una restricción.
“Todo mi entorno se daba cuenta
menos yo” declara Rocío.
Testimonio
2 (Recopilado por: Marianela Baez, Sebastián Bravo y Braian Barrios)
Cuando yo era chica, tenía seis
años, mi mamá no se ocupaba de mí ni de mi hermano de tres años, mi padre era
un hombre trabajador pero demasiado loco. Todos los días que llegaba del
trabajo tenía una forma nueva para hacernos sufrir, pero sin motivo, porque no
hacíamos nada malo. Yo con tan sólo seis años lavaba, planchaba, cuidaba a mi
hermano, hacía todos los deberes que mi mamá debería hacer pero los hacía yo.
A veces mi papá llegaba del
trabajo (loco como siempre) y nos sacaba, a mi hermano y a mí, desnudos a la
calle y nos mojaba con agua fría, no le importaba que haga frío, no le
importaba que la gente nos viera, no le importaba nada.
Otras veces nos pegaba, nos
revoleaba con platos o algún otro objeto...
Siempre tenía una nueva forma
para lastimarnos...
Testimonio
3 (recopilado por Karen López)
No tengo idea de cuándo empezó
todo esto, sólo recuerdo los llantos de mi madre en las noches, los insultos
salidos de la boca de la boca de mi papá, el sonido de los golpes...
Mi madre recibe golpes a diario
no sé qué puedo hacer, no tengo la suficiente fuerza para detenerlo quiero que
pare...
Crecí. Él ya no está, se fue con
otra mujer. No me molesta. Pero aún su recuerdo me persigue. Sólo espero que no
le haga lo que le hizo a mi madre.
Testimonio
4 (Recopilado por Natalia Rodríguez)
Tengo 16 años y desde los seis
años soy consciente del maltrato que sufre mi papá en manos de mi mamá.
Ella lo golpea, ya sea con sus
propias manos o con objetos que se encuentran a s alcance. Más de una vez pude
ver los rasguños o moretones en los brazos de papá, pero no fui capaz de
hablar.
Él no se defiende, tiene miedo de
hacerlo, le conté a mi abuelo pero sólo mostró disgusto por saber que mi papá
se dejaba pegar por un mujer.
Los golpes de mamá vienen de los
celos, dice mi tía.
Ella lo amenazó de que si hablaba
o le levantaba la mano lo iba a denunciar. Día a día papá se ve más demacrado.
Aún no sé qué hacer. Estoy
asustada.
Testimonio
5 (recopilado por Gabriela Coronel y Candela Luque)
Tengo doce años, mi vecino me
manosea y me besa, él me amenaza con cosas malas.
Lo cuento yo porque mi mejor
amiga no se anima.
Testimonio
6 (recopilado por Tobías Llano y Fabricio Camba)
Un día mi papá llegó borracho a
altas horas de la noche, mi mamá limpiando la mesa en la que habíamos comido,
mi papá la amenazó. Nosotros estábamos en la pieza escuchando, los gritos nos
asustaban y cada vez más fuerte gritaban y mi papá le pegó a mamá, nosotros
llorábamos del susto.
Pasaban los días y cada vez era
peor. Mi mamá lo denuncia pero no pasa nada.
Mi mamá lloraba cuando mi papá se
iba a trabajar. Nosotros le preguntamos a mi mamá y dijo que necesitaba ayuda.
No sabíamos cómo ayudarla con la situación.
Mi papá llegó gritando a mi mamá
un vecino escuchó, llamó a la policía. Llegó la policía. Mi papá quedó detenido
y nosotros tenemos miedo de cuando salga.
Testimonio
7 (recopilado por: Martina Fernández, Valentín Scafi, Luca Atensio y Rocío
Romero)
Jéssica sufrió violencia de
género por parte de su exmarido, su marido Sergio la golpeaba cuando estaba
borracho, no sólo la golpeaba a ella sino también a sus hijos. Uno de los hijos,
Valentino tuvo moretones en casi todo e cuerpo. Tampoco nunca pidió perdón y
culpaba al alcohol.
Testimonio
8 (recopilado por: Kiara Araujo, Ezequiel Oviedo y Malanie Officialtegui)
En frente de mi casa vivía un
matrimonio: Juan de ochenta y dos años y Ramona de cincuenta años, ellos tenían
una hija de veintiocho años llamada Lucía.
Juan un día cayó de un árbol y
murió. Luego pasaron dos años y a su hija la llevaron a un loquero porque
decían que estaba loca. Mi mamá me contó esta historia porque mi mamá le hacía
las compras a la mujer porque la hija no la dejaba salir.
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